La radio y la televisión en la era digital


La radio y la televisión en la era digital
Estos procesos se han combinado de forma tal que han resultado en la consolidación de
grandes conglomerados de multimedios con control tanto sobre las cadenas completas
de producción y distribución (integración vertical) como sobre los distintos mercados
dentro del sector (integración horizontal).
Impulsados por las ventajas que otorgan las economías de escala para la disminución de
costos de producción y distribución, la posibilidad de subsidios cruzados y la
ampliación del margen de ganancias, el control y la concentración de la propiedad de
medios ha crecido fuertemente en las últimas décadas. Un proceso que se ha producido
tanto a escala internacional como nacional y tanto en países ricos como pobres.
A esto hay que sumar la creciente extranjerización de los medios de comunicación, la
entrada de las grandes compañías telefónicas y una fuerte centralización y
homogeneización de contenidos, del exterior al interior de los países (caso de los países
pequeños) y de las capitales y conglomerados al resto del país en todos los países)1.
A su vez, especialmente en los países del MERCOSUR, esta situación convive con su
“contracara”: la discriminación, que muchas veces se convierte en directa exclusión de
las organizaciones sociales sin fines de lucro en el acceso a las frecuencias
radioeléctricas.
En Brasil, las comunidades y grupos sociales no pueden expresarse libremente más allá
de un kilómetro de radio desde el lugar de trasmisión, no pueden sostenerse
económicamente porque se les impide obtener recursos económicos a través de la
publicidad en sus medios y se las limita a utilizar solo FM y dentro de esta banda, solo
un canal de todos los disponibles en cada localidad o región.
Como si fuera poco, no pueden ponerse en red para cubrir informaciones o
acontecimientos que cubran una región con identidades o necesidades comunes (por ej,
una zona etnolingüística o la cobertura de un riesgo medioambiental) y, en un ejemplo
de una pésima gestión del espectro radioeléctrico, no tienen derecho a protestar ante
interferencias perjudiciales de otros operadores, aún siendo emisoras comunitarias
autorizadas.
En Paraguay, solo se permite el uso de frecuencias en FM con hasta 50 vatios de
potencia para comunidades indígenas o campesinas, cuando sus áreas territoriales
muchas veces exceden esa escasa cobertura. Tampoco se les permite el uso de
publicidad para sostenerse la emisora, condenándolas a la asfixia económica, aunque la
ley las reconozca.
Fuente: La radio y la televisión en la era digital
oportunidades, desafíos y propuestas
para garantizar la diversidad y el pluralismo en los medios
Gustavo Gómez Germano
C3 – Centro de Competencias en Comunicación
Fundación Friedrich Ebert, febrero de 2007

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